Según cada editorial, la edad de los destinatarios del trabajo, el estilo del libro y algunas otras variables, se busca dar cierto carácter propio, diferente, a las ilustraciones de cada publicación. De esta manera, aunque provengan del mismo ilustrador, cada editorial tendrá la tranquilidad de que no habrá ilustraciones similares en libros de la competencia coexistentes. Antes, el mercado editorial exigía exclusividad a sus ilustradores. Hoy eso es prácticamente imposible por los cambios de la misma industria y por el volúmen necesario de trabajo que el ilustrador necesita comprometer año a año para que su actividad resulte mínimamente redituable.
Y esto se debe en gran parte a la tecnología que ha acelerado los procesos de tal manera, que ha facilitado la producción casi masiva de ilustraciones a los que antes las hacían paciente y lentamente en el tablero, pero también a muchos, que sin ser grandes trabajadores del lápiz o de los colores materiales, han logrado fusionar las herramientas tecnológicas que hoy brinda la computación con su espíritu creativo y así ser artífices de ilustraciones de buena o de gran calidad gestadas con la imaginación, sin otro medio que la computadora y sus periféricos. Por ende, la tecnología ha multiplicado la oferta de ilustradores y el precio de la ilustración se ha visto, en consecuencia, devaluado en los últimos años.
Por otro lado y divagando hacia otros temas, tiempo atrás (bastante reciente) el trabajo de ilustración era ‘artesanal’. Se entregaba un “original” de gran valor por su caracter único. Todavía hay colegas que hoy siguen trabajando de esa manera, y sin duda se diferencian del resto por la calidad de sus trabajos, aunque requieren de otros tiempos y generalmente de proyectos editoriales a más largo plazo que el habitual.
En este pasado no tan lejano, cada pedido debía analizarse detalladamente porque cada cambio que se quisiera hacer luego implicaba comenzar de ‘cero’, un original nuevo. Hoy no es así, las correcciones se han vuelto más fáciles y más rápidas. Las herramientas digitales permiten hacer varios dibujos a la semana (salvo los muy complejos), y esto, si bien ha facilitado la tarea del ilustrador, no le ha simplificado demasiado la vida, porque ahora debe hacer muchos dibujos en el mismo tiempo que antes necesitaba para hacer solo uno, y cobrar por todos ellos más o menos lo mismo que ganaba por uno solo antes.
En este proceso se perdió el original para dar lugar al archivo digital. A diferencia del primero, el archivo digital se puede reproducir exacto infinitamente y sin pérdida de calidad, aunque es intangible materialmente porque se compone de bits, ya no de papel o de tela pintada.
Y si a esto le agregamos que cada ilustración es una sumatoria de capas virtuales (gracias a los actuales programas) donde cada elemento puede ser sumado o restado al contexto creado, la versatilidad y la explotación de cada ilustración es mucho mayor, excediendo la mayoría de las veces el valor que su propio autor le otorga, gracias a la capacidad intrínseca de cada obra digital para ser desmenuzada y re compuesta tantas veces como los distintos formatos de sus aplicaciones lo requieran.
Ya sin original, sin tablero ni bastidores, sin lápices y sin colores materiales ni texturas de acrílico o de tempera, nos preguntamos donde está la obra ahora. La computadora es un ‘ordenador’ como le dicen en otros países y le ordena a la impresora o a las películas que se bajan para la imprenta, cada detalle de la imagen que compusimos en ella. Pero esa ilustración no es más que una serie de “órdenes ordenadas”, representadas en bits, que luego serán puntos impresos en un papel. Recién ahí la obra se materializa en algo tangible. La reproducción pasa a ser el original tantas veces como se imprima. La obra es ahora la percepción pura y ya no la composición material que la produce.
Si Leonardo usara hoy una tableta gráfica para pintar a La Gioconda, con iguales colores y con igual sonrisa, dónde estaría la obra de arte?
Es que estoy viendo unos cuantos colegas que son verdaderos Leonarditos que no dejarán un solo cuadro para colgar. Habrá que buscarlos en el ciberespacio,