CABOS SUELTOS
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A veces encuentro dibujos o bocetos metidos entre las hojas de algún libro. Generalmente son muy viejos y hablan de algún momento pasado o de mi forma de ver las cosas entonces. Este espacio del Blog lo usaré para salvar esos bocetos y dibujos que sobrevivieron, olvidados, en algún rincón oscuro, como el arpa de Becquer. Sepan entonces que el orden y la temática no sigue lógica alguna, para variar.Esta imagen es de mi tiempo de escepticismo. La Tierra se rompe como un huevo y el Hombre se asoma como un pollito (con un aspecto similar, aunque bastante más aterrador) a desparramar su mal aliento por el universo. El mundo y el Hombre no van a durar mucho juntos.
Este retrato en lápiz (tomando por modelo una foto) lo hice a mis 16 años. Ya está bastante deteriorado por el tiempo y la humedad. Es el rostro de una mujer de la cultura Yaghan. Me había conmovido ese rostro, esa cantidad de surcos cincelados en la piel y esa expresión hundida en el pensamiento.
Bueno, en la medida que encuentre más dibujos sueltos, los subiré a esta parte del blog.
Este es mono es King Kong dibujado para un boceto publicitario.
Mi querido amigo y compañero Toro. Fiero pero un gran perro.
Allá por el ´83, a mis 15 años, practicando con pasteles que me regaló mi viejo, hice esta ilustración copiada con gran deficiencia de la pintura al óleo de De la Cárcova: “Sin pan y sin trabajo”, cuadro que siempre me fascinó por el clima de soledad e impotencia, tan bien representado, de la clase obrera tras la revolución industrial. Este dibujo es una pobrísima copia en pasteles del original. Tanto es así que el hombre que aquí aparece sentado debería estar echado sobre la mesa y su cuerpo mucho más inclinado sobre la ventana, entre tantas otras diferencias que mi ojo poco entrenado no alcanzaba a ver. Pero igual le guardo cariño, porque en ese ejercicio que me propuse de falsificación fracasada, aprendí mucho de luces, de pasteles, de color y de esa pintura que siempre me había conmovido.




“Esta imagen es de mi tiempo de escepticismo. La Tierra se rompe como un huevo y el Hombre se asoma como un pollito (con un aspecto similar, aunque bastante más aterrador) a desparramar su mal aliento por el universo. El mundo y el Hombre no van a durar mucho juntos”. Yo digo: Han pasado los años… ¿ahora es creyente??? ¿Como hizo??? Un gran abrazo y Felicitaciones, Daniel Fumega.
Gracias Daniel, por leer y comentar. En verdad no me volví creyente. Alguna vez lo fui, en el sentido religioso; hoy ya no. Mi escepticismo de adolescente tenía que ver con la humanidad, con la desilución por ver al hombre como una bestia más, cuyo rasgo característico: su inteligencia, es justamente el que lo vuelve más cruel, más traicionero, más desvastador del mundo que habita. Con el tiempo descubrí a mucha gente que sabe luchar contra eso. Que es consciente de su condición humana y como tal, de su vínculo con el mundo y su naturaleza, y que hace esfuerzos enormes por conducir su inteligencia en un camino opuesto al que yo observaba desde la desazón. Un camino de convivencia y de igualdades. Por eso ya no me considero tan escéptico respecto a la humanidad, aunque los que se encargan de exprimir a esta tierra como a un fruto que les pertenece solamente a ellos, son todavía demasiado poderosos y siguen lastimando.
Un abrazo.
Tucho