Nada de lo que escriba recordando al Negro Fontanarrosa va a ser nuevo. No voy a agregar nada a lo que todos sabemos acerca de su talento y su personalidad. Pero por alguna razón sentí la necesidad de mencionarlo aquí y ofrecerle mi modesto homenaje en estas pocas líneas. Quizá porque hace poquitos días, cuando le tocó irse, logró que se me piantara un lagrimón, cosa que no le pasaba hace tiempo a mi acorazado ánimo.
No lo conocí y no puedo hablar mucho de él. Pero tengo la sensación que alguna vez nos encontramos y charlamos largo y tendido. Tenía su cara de a ratos, otras veces la de Inodoro, la de Boogie; a veces la de Mendieta…
Además de dejarnos sus cuentos y sus dibujos, nos dejó la certeza de que fue un gran tipo. Así vale la pena dejar este mundo.
Se fue el Negro Fontanarrosa…qué lo parió!